Cada 13 de septiembre se celebra el Día de los Programadores, una fecha que pone el foco en una profesión que, aunque muchas veces permanece detrás de las aplicaciones, servicios y sistemas que utilizamos a diario, resulta esencial para el funcionamiento de la economía digital.
En el Parque Tecnológico de Asturias, el desarrollo de software y la tecnología forman parte del trabajo diario de numerosas empresas y profesionales. Pero ¿cómo ha cambiado esta profesión en los últimos años? ¿Qué capacidades necesita hoy un desarrollador y cómo será su trabajo en el futuro?
Daniel Sagredo, Team Leader de Desarrollo Web en ASAC, conoce de primera mano esa evolución.
De los sistemas locales a la inteligencia artificial
Cuando Daniel comenzó sus estudios, el escenario tecnológico era muy diferente al actual. Desde entonces, la programación ha experimentado una transformación continua, tanto por la evolución de los lenguajes como por la aparición de nuevas herramientas y formas de trabajar.
«Ha cambiado muchísimo. Los lenguajes de programación han evolucionado añadiendo funcionalidades y han surgido otros dando respuesta a nuevas necesidades».
También ha cambiado el entorno en el que se desarrolla el software. De los sistemas locales se pasó a los sistemas distribuidos, después llegó la nube y, más recientemente, los contenedores y las herramientas basadas en inteligencia artificial.
«Cada etapa ha transformado la forma en que trabajamos», explica Sagredo.
Esta evolución no parece tener un punto final. La aparición de nuevas tecnologías obliga a los profesionales del sector a aprender de manera constante y a adaptar sus conocimientos a un escenario que cambia rápidamente.
Curiosidad para seguir aprendiendo
Más allá de los conocimientos técnicos, Daniel identifica dos capacidades especialmente importantes para trabajar actualmente en programación: curiosidad y creatividad.
La curiosidad permite investigar, comprender por qué suceden las cosas y buscar soluciones cuando aparece un problema nuevo, mientras que la creatividad ayuda a plantear respuestas diferentes ante nuevos retos.
«Es lo que te empuja a seguir investigando, a entender el porqué de las cosas y a no quedarte solo con la solución que funciona».
En un sector en permanente transformación, aprender deja de ser una etapa asociada únicamente a los estudios y se convierte en parte de la propia profesión. Para Daniel, prácticamente todos los días aparece algo nuevo que aprender, ya sea por las necesidades de un proyecto o por interés personal.
La documentación oficial, los blogs especializados y los foros forman parte de ese aprendizaje continuo que permite mantenerse actualizado en un ámbito en el que las herramientas y tecnologías evolucionan constantemente.
Un futuro con inteligencia artificial
La inteligencia artificial representa uno de los últimos grandes cambios que está viviendo el sector y también plantea preguntas sobre cómo será el trabajo de los desarrolladores en los próximos años.
Para Daniel, la IA no sustituirá el papel de los profesionales tecnológicos, sino que se convertirá en una herramienta más para desarrollar su trabajo.
«Pienso que el trabajo de los desarrolladores seguirá siendo vital, aportando el criterio técnico y la capacidad de resolución de problemas, aunque apoyado por asistentes de inteligencia artificial como herramientas que agilizan el trabajo».
La incorporación de estas herramientas puede cambiar la manera de programar, pero mantiene la importancia de comprender los problemas, tomar decisiones técnicas y encontrar soluciones.
Empezar sin miedo a equivocarse
Para quienes se plantean comenzar una carrera profesional en programación, su recomendación es sencilla: paciencia.
«Que no se frustre al principio. Como en cualquier disciplina, requiere su tiempo de aprendizaje y las dificultades iniciales son normales y parte del proceso».
Una idea que resume también buena parte de la evolución de una profesión en la que aprender forma parte del trabajo cotidiano. Los lenguajes cambian, aparecen nuevas tecnologías y las herramientas se transforman, pero la capacidad para hacerse preguntas, aprender y resolver problemas continúa siendo fundamental.
El código seguirá cambiando. También lo harán las herramientas con las que se escribe. Pero detrás de ellas seguirán siendo necesarios profesionales capaces de entender los retos y convertirlos en soluciones.
